Las perspectiva de como puede acabar la actual situación de impás político e institucional que actualmente vive Catalunya son muy preocupantes. Tanto en lo que concierne a la financiación, como al conjunto del Estatuto, como a la situación en la que quede situada Catalunya dentro de España. Cabe añadir la crisis económica y social, que son problemas de base diferente, aunque también se involucran en la cuestión política y nacional.
Si las previsiones negativas se confirmaran, se confirmaría también lo que hemos mencionado en anteriores editoriales: que el modelo de involucración no tan sólo política sino también estructural de Catalunya en España sobre el que se havia basado la acción pública catalana desde el final de franquismo –y en ciertos aspectos incluso un poco antes– se ha agotado. Y que el planteamiento que ahora prevalece en España recula hacia conceptos y políticas contrarios a la aceptación de una realidad colectiva diferenciada como Catalunya. I que abiertamente o subrepticiamente intenta ir borrándola.
Si estas previsiones se confirmaran seria lo bastante grave como para que Catalunya tuviera que dar una respuesta política potente. No solamente para protestar, sino para dejar abierto el pleito. Es decir, para que quede claro que la reivindicación como país se mantiene. Pero proponer lo que hay que hacer en el terreno político e institucional no es tarea de estos editoriales. Es tarea de las fuerzas políticas del país. Que esperemos que en esto encuentren un buen apoyo en el conjunto de la sociedad.
Esto –que será necesaria una reacción política que rechace de lleno cancelar el pleito de Catalunya con fuerte pérdida– debe quedar muy y muy claro.
Una vez dicho esto, hay que insistir en el trabajo que el país debe hacer con lo que tengamos. Por : Jordi Pujol .